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martes, 23 de agosto de 2011

Por una mejor Educacion

“Es clave que los docentes se capaciten”

Silvina Gvirtz cree que este es el primer paso para lograr buenas escuelas donde todos aprendan. La especialista en educación coordina un programa que atiende y capacita a escuelas públicas e institutos supe- riores de formación docente de varias provincias argentinas. Entre otros temas, habla de la importancia de la jornada completa, del rol de las tecnologías en el aula y de cómo deben ser los maestros del siglo XXI.
Mi sueño es que la Argentina tenga un sistema educativo modelo que garantice igualdad de oportunidades para todos. Sueño con que todos los jóvenes de nuestro país terminen el nivel medio aprendiendo conocimientos socialmente significativos y que disfruten de leer buenos libros, escuchar buena música, y sean ciudadanos muy bien informados. Que todos puedan cursar exitosamente una carrera universitaria o terciaria si así lo desean. Que los niños disfruten de ir a la escuela y que los docentes estén orgullosos de su profesión y tengan, cada día, mejores condiciones de trabajo”.
Estos son los deseos de la doctora Silvina Gvirtz, especialista en educación, investigadora y autora de libros. Para concretarlos, cree que el gran desafío consiste en trabajar –y mucho– en la calidad educativa. El objetivo que debe perseguirse es lograr buenas escuelas donde todos aprendan. Es decir, escuelas con una tasa baja de repitencia y una gran calidad de aprendizaje. Para eso, propone barajar y dar de nuevo en lo que a capacitación docente se refiere, e incorporar en las aulas las nuevas tecnologías de la información.
Para la experta, el quid de la cuestión pasa por mejorar y regular la actividad de los formadores de formadores. ¿Cómo? “Deberían tener mucha más titulación que los maestros. Además, sería ideal que tuvieran experiencia docente”, responde.
Gvirtz, que también es directora del posgrado y de la maestría en Educación de la Universidad de San Andrés, trabaja en el programa “Conectar Igualdad”, por medio del cual se entregarán tres millones de netbooks a alumnos y maestros de escuelas secundarias públicas. Integra, también, el Comité Académico Asesor de educ.ar y conduce el programa “Escuelas del Bicentenario”. Desde allí se trabaja en 132 escuelas y dos institutos superiores de formación docente, para brindar acompañamiento y capacitación a los docentes.
–¿Cuál es el panorama argentino en cuanto a la educación primaria y secundaria?
–Señalemos fortalezas y debilidades. ¿Qué tiene de bueno nuestro sistema educativo? Que se incorporan a él cada vez más chicos, en especial en secundaria. El otro punto a favor es que, por primera vez, llegamos al 6% del producto bruto interno (PBI) en inversión para educación. El gran desafío es garantizar que cada chico que ingresa a la escuela se gradúe con un vasto conocimiento. También hay que sostener la alta matriculación.
–¿Qué significa trabajar en la calidad educativa?
–Primero, hay que sostener la inversión en educación e ir aumentándola. Segundo, hay que abogar para que en las escuelas haya jornada completa. De lo contrario, puede pasar lo que sucedió en una jurisdicción que decidió enseñar inglés desde primer grado y en las mismas cuatro horas de clase, quitándoles tiempo a otras asignaturas. Por eso, es necesario agregar horas y que la jornada se extienda de ocho a cuatro de la tarde. Hay que convertir a los preceptores en coordinadores pedagógicos. Asimismo, hacer una reforma curricular para poder enseñar contenidos socialmente significativos. Por último, universalizar la sala de 4 y 5 años.
–¿Cuáles serían los otros beneficios que tiene la jornada completa?
–Ayudaría, por ejemplo, a que los docentes trabajen seis horas y tengan dos horas para poder planificar sus clases, como en los países desarrollados. Hoy, un docente trabaja cuatro horas en una escuela, y después tiene que hacer lo propio en otra institución. Está siempre frente a alumnos y no tiene tiempo para programar una clase, reunirse con otros docentes o capacitarse. En su casa, tiene que corregir cuadernos, preparar ejercicios, y termina extenuado después de un día laboral extenso.
–¿Qué rol cumple la capacitación docente en todo esto?
–Un rol clave. Vivimos en una sociedad del conocimiento, que varía constantemente. O sea que tenemos que educarnos y capacitarnos todo el tiempo. Los docentes no escapan a esto y tienen que aggiornarse a los nuevos contenidos y modos de enseñar. Ahora bien, no cualquier capacitación es buena. Muchos docentes tienen la voluntad de perfeccionarse, pero se anotan en cursos de dudosa calidad. Primero, no está regulada la actividad del capacitador, quien, hoy por hoy, puede no tener ningún saber superior al que tiene el propio maestro. El problema es del Estado, que no ofrece capacitaciones acordes con las necesidades de los docentes.
–¿Qué hacer, entonces?
–Regular la actividad. El capacitador debe contar con experiencia como docente en el aula y, a la vez, con un título de posgrado en la universidad. Estos requisitos permiten ser formador de formadores, garantizan idoneidad. Además, deberían ir a las escuelas a trabajar con los problemas reales de cada una. No es lógico que la capacitación siempre sea por fuera de la escuela. Así, es todo muy abstracto.
–¿Los docentes deben empaparse de las nuevas tecnologías de la información?
–Es central. Los jóvenes pasan entre dos y tres horas diarias frente a una computadora. Los docentes tenemos que aprender a usar ese medio para poder enseñarles a nuestros alumnos a ser usuarios inteligentes. Los chicos nunca se cuestionan la proveniencia ideológica de su videojuego favorito. No indagan en si las reglas de ese videojuego son correctas. El docente debe ser un usuario de las nuevas tecnologías y, mejor aún, un usuario crítico.
–A propósito, ¿hay que integrar las nuevas tecnologías al aula?
–Sí, totalmente. Pero no para usarlas como cada uno lo hace en su privacidad, sino para aprender a pensar esos dispositivos. ¿Qué características tiene una red social? ¿Cuáles son sus peligros? ¿Qué tipos de contactos se establecen en términos sociológicos? Ya se registran escuelas con plataformas específicas para la circulación de conocimientos entre docentes y alumnos, y trabajan muy bien.
–¿Cómo sacarles provecho en el aula?
–De varios modos. Las netbooks, por ejemplo, sirven para que los chicos aprendan a tomar nota. El segundo uso se da a partir de aplicaciones específicas: hay programas diseñados para ser usados didácticamente –por ejemplo, en Química o Matemática–. Tercero y fundamental: los contenidos. Hay bibliotecas universales en Internet. Así pueden leerse los grandes clásicos en la computadora.
–¿Qué aptitudes y competencias deberían tener los docentes de este siglo?
–Deben ser grandes consumidores de cultura, ser amantes de la lectura, del cine, del teatro, de la música y las artes plásticas. El docente tiene que transmitir amor por el conocimiento. Deben ser personas con predisposición a trabajar en equipo y tener en cuenta lo que enseñan sus colegas, para seguir un lineamiento. Deben manejar distintas estrategias en función de las necesidades de cada estudiante –hay quienes aprenden a través de la palabra, pero otros requieren actividades, lecturas, debates–. Tienen que estar alfabetizados tecnológicamente y científicamente. Y deben ser especialistas en vínculos interpersonales, para entablar buenas relaciones con alumnos y padres.
–¿En qué consiste el programa “Escuelas del Bicentenario”?
–Intenta mejorar el aprendizaje de todos los chicos. Trata de medir dos grandes dimensiones de la escuela: su eficiencia interna –cuáles son los niveles de repitencia de un grado específico– y el rendimiento académico. Puede que una escuela enseñe muy bien, pero egresen pocos estudiantes. Eso es una “escuela elitista”. Hay instituciones de donde egresa casi el cien por ciento, pero ¿cuántos salen con conocimientos sólidos? Eso es una “escuela guardería”: cuida a los chicos mientras los padres trabajan, pero la instrucción es deficiente. Y están las buenas escuelas, donde la tasa de repitencia es baja y la calidad del aprendizaje es elevada.
–¿Cómo llevan a cabo el programa?
–Capacitando y acompañando a los docentes. Entregamos materiales, manuales; capacitamos a los directivos en gestión institucional; y acompañamos a los maestros en las áreas básicas de Matemática y Ciencias Naturales. Nos dirigimos a las escuelas para constatar sus necesidades concretas. Es un proyecto del IIPE (Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación), de la Unesco. Formamos capacitadores de la localidad de la escuela, quienes, a su vez, trabajan con los maestros. Lo implementamos en Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Corrientes, Tucumán y Santa Cruz. En la actualidad, atiende a escuelas públicas e institutos superiores de formación docente, y abarca a una población de alrededor de 50.000 niños y más de 2000 docentes y directivos.

FUENTE: NUEVA. La revista del interior. Nº 3 26/06/2011
Por María Alvarado. Fotos: Macarena Otero y gentileza “Escuelas del Bicentenario”.
En : http://www.revistanueva.com.ar/suplemento/educacion/anteriores/ (consultado el 21/08/2011)

sábado, 30 de julio de 2011

El filólogo catalán Daniel Cassany en la Feria del Libro Infantil y Juvenil
“Desde Internet, el verbo ‘leer’ ya no quiere decir lo mismo”
Publicado el 27 de Julio de 2011
Por Elisabet Contrera Para Tiempo Argentino
El especialista asegura que los chicos conocen menos de la red de lo que aparentan, que disponen de mucha información pero tienen dificultades para construir conocimiento y que nacer en una casa con libros supone una ventaja.
 
Hay libros y colores, peluches del sapo Pepe, niños y niñas que recorren asombrados los stands de la Feria del Libro Infantil y Juvenil. Pero la mente de Daniel Cassany no está allí, en lo tangible que lo rodea, sino en Internet, a la que millones de personas se conectan. Allí, se sumerge e investiga cómo es la interacción entre los jóvenes y las nuevas tecnologías. Qué leen, cómo, cuánto tiempo le dedican, qué es lo que encuentran allí, son las preguntas que impulsan su trabajo. Por esa misma razón fue uno de los invitados internacionales a la 21º edición de la Feria que se realiza en Buenos Aires y finaliza este fin de semana.
Cassany es un filólogo y doctor en Educación catalán que desde 1993 es profesor de Análisis del Discurso en Lengua Catalana de la Universidad Pompeu Fabra. En su curriculum se encuentran cientos de libros y ensayos publicados sobre la lengua y la escritura, como Afilar el lapicero o La Cocina de la Escritura y otra tanta producción sobre las formas de comunicación inauguradas con la llegada de Internet. Llegó a la Argentina para brindar una conferencia sobre literatura juvenil electrónica y aceptó analizar el tema con Tiempo Argentino.

–¿Qué leen los jóvenes en Internet?
–Es muy variado. Dedican mucho tiempo. El porcentaje de chicos conectados es muy elevado. En España, es un 60 o 70%. Esto no significa que tengan computadora en sus casas. Algunos sí la tienen, pero otros van al ciber, a la casa de amigos o en la escuela. El uso de la Web está asociado con su vida ociosa, es decir, forma parte de su tiempo libre y privado. Hacen lo que quieren y cuando quieren pero no deja de ser un acto privado.
–¿Pero no hay espacios y plataformas donde la interacción es pública?
–Sí, están relacionados con los fanfics, la poesía en red, los fotologs. Sobre los fanfics, podemos encontrar a fanáticos de Harry Potter o Naruto que toman a sus personajes favoritos y escriben nuevos cuentos e historias. Luego, los cuelgan en Internet, en un espacio creado por ellos o en un portal especializado, conocen a otros fanáticos, reciben y escriben comentarios. Es una práctica muy estimulante, es una manera de conocer gente, de fortalecer las relaciones con personas que ya conocen, de hacerse querido.
–¿Cómo cambió la práctica de la lectura en comparación a décadas anteriores?
–Cambió totalmente. Utilizamos el mismo verbo pero estamos hablando de una actividad totalmente distinta. El joven tiene más acceso a información, se trata de otro tipo de información, es planetaria. Antes sólo se accedía a libros sobre la propia comunidad. Era costoso traer material del exterior. Hay mucha más porquería en la Web, antes no había falsedades, o no la había en la cantidad que la hay ahora. Hoy todo es libre, gratuito, estamos todos. Hay una gran cantidad de información falsa, exagerada, no contatada. Se perdió la a fiabilidad de un libro.
–¿Los jóvenes saben discernir lo verdadero de lo falso en la era de “San Google”?
–No lo saben. El chico antes leía en la escuela libros de textos, todo era verdad o una verdad. Ahora está Internet donde no todo es verdad. Es un chico que sabe mucho, cómo tocar el mouse, cómo acceder un programa, pero luego tiene dificultad para construir significado. Hay mucha información disponible, pero es mucho más difícil construir conocimiento. Para navegar, utilizan criterios superficiales, si es atractiva o no una Web, si es divertida, y no prestan atención a quién es el autor, si es una persona fiable o un mentiroso, de dónde procede la información, si es una opinión personal o el resultado de una investigación.
–¿Quién tiene la responsabilidad de anclar esa información? ¿La familia? ¿La escuela?
–Es una pregunta compleja. Creo que es una tarea de todos. En principio, es la escuela la que enseña a leer y escribir, pero las familias también contribuyen con la educación del chico antes de que ingrese al sistema. Un chico que nace en un hogar donde los papás leen y escriben desarrolla habilidades distintas a un chico de una casa sin libros. La escuela tiene que actuar como nivelador y dar más oportunidades a los chicos que no tienen la posibilidad de leer en sus casas, pero también tienen que saber capitalizar lo que aprenden fuera de la escuela.
–En cuanto a los padres,
¿cuál debería ser la actitud más positiva, la que ayudaría más a los chicos?
–Los papás tienen que evitar conductas compulsivas con la computadora, orientar al chico con el uso de las redes sociales, enseñar que Internet es compatible con los libros, educarlos en que es un espacio público y no pueden publicar determinada información. Del mismo modo en que enseñan que no pueden cruzar una calle en rojo o que no pueden tener relaciones sexuales sin preservativo, el chico no puede poner la dirección de la casa en Facebook.
–¿Cómo reaccionan los docentes ante esta nueva forma de comunicación?
–Hay mucha confusión. Están los docentes tecnofóbicos, los tecnofílicos y los pasotas (los indiferentes). Hay que ver el cambio de una forma positiva. Tenemos mucha suerte de vivir un cambio tan brutal para la historia de la humanidad como es Internet. Hay que tomárselo con cierta responsabilidad. Nadie va aceptar, por ejemplo, que un dermatólogo te recete ungüento de 50 años atrás porque el médico se niegue a actualizar sus conocimientos. La educación tiene que ser igual. Ofrecer a los chicos lo mejor. Es la manera de conseguir más reconocimiento social. Hay maestros que hacen cosas positivas, otros que esperan más ayuda del gobierno, pero no puede ser que no haya computadoras en la escuela.
–En la Argentina, el gobierno nacional está distribuyendo computadoras en los colegios a fin de disminuir la brecha digital. En el momento de la entrega, se puede ver a los chicos totalmente familiarizados con las nuevas tecnologías y a los docentes, tímidos, que dicen “iré aprendiendo con ellos”.
–Justo me acaban de aprobar un proyecto para investigar este tema. Los chicos no saben tanto como parece. Saben usar un programa, abrir un perfil en Facebook, enviar un mensaje y la maestra puede no saber, los chicos saben que es Twitter y Facebook y la maestra puede no saber, pero si luego analizás si los chicos entienden, te das cuenta de que no. Es un conocimiento muy epidérmico, es un conocimiento vinculado con el ocio y la diversión, no para aprender o desarrollar contenidos en la escuela.
–¿Y qué pasa con los profesores que no tienen un contacto muy estrecho con la tecnología? ¿Esto es un obstáculo?
–Los profesores no dominan las cuestiones técnicas, lo que genera mucho miedo, pero tiene una visión del conjunto, una experiencia, una capacidad que los jóvenes necesitan. La clave es unir ambas capacidades.

15 de junio: Día del Libro en Argentina

Recurso seleccionado para compartir el 15 de junio con motivo de recordarse el día del libro en Argentina.