Por una mejor Educacion

“Es clave que los docentes se capaciten”

Silvina Gvirtz cree que este es el primer paso para lograr buenas escuelas donde todos aprendan. La especialista en educación coordina un programa que atiende y capacita a escuelas públicas e institutos supe- riores de formación docente de varias provincias argentinas. Entre otros temas, habla de la importancia de la jornada completa, del rol de las tecnologías en el aula y de cómo deben ser los maestros del siglo XXI.
Mi sueño es que la Argentina tenga un sistema educativo modelo que garantice igualdad de oportunidades para todos. Sueño con que todos los jóvenes de nuestro país terminen el nivel medio aprendiendo conocimientos socialmente significativos y que disfruten de leer buenos libros, escuchar buena música, y sean ciudadanos muy bien informados. Que todos puedan cursar exitosamente una carrera universitaria o terciaria si así lo desean. Que los niños disfruten de ir a la escuela y que los docentes estén orgullosos de su profesión y tengan, cada día, mejores condiciones de trabajo”.
Estos son los deseos de la doctora Silvina Gvirtz, especialista en educación, investigadora y autora de libros. Para concretarlos, cree que el gran desafío consiste en trabajar –y mucho– en la calidad educativa. El objetivo que debe perseguirse es lograr buenas escuelas donde todos aprendan. Es decir, escuelas con una tasa baja de repitencia y una gran calidad de aprendizaje. Para eso, propone barajar y dar de nuevo en lo que a capacitación docente se refiere, e incorporar en las aulas las nuevas tecnologías de la información.
Para la experta, el quid de la cuestión pasa por mejorar y regular la actividad de los formadores de formadores. ¿Cómo? “Deberían tener mucha más titulación que los maestros. Además, sería ideal que tuvieran experiencia docente”, responde.
Gvirtz, que también es directora del posgrado y de la maestría en Educación de la Universidad de San Andrés, trabaja en el programa “Conectar Igualdad”, por medio del cual se entregarán tres millones de netbooks a alumnos y maestros de escuelas secundarias públicas. Integra, también, el Comité Académico Asesor de educ.ar y conduce el programa “Escuelas del Bicentenario”. Desde allí se trabaja en 132 escuelas y dos institutos superiores de formación docente, para brindar acompañamiento y capacitación a los docentes.
–¿Cuál es el panorama argentino en cuanto a la educación primaria y secundaria?
–Señalemos fortalezas y debilidades. ¿Qué tiene de bueno nuestro sistema educativo? Que se incorporan a él cada vez más chicos, en especial en secundaria. El otro punto a favor es que, por primera vez, llegamos al 6% del producto bruto interno (PBI) en inversión para educación. El gran desafío es garantizar que cada chico que ingresa a la escuela se gradúe con un vasto conocimiento. También hay que sostener la alta matriculación.
–¿Qué significa trabajar en la calidad educativa?
–Primero, hay que sostener la inversión en educación e ir aumentándola. Segundo, hay que abogar para que en las escuelas haya jornada completa. De lo contrario, puede pasar lo que sucedió en una jurisdicción que decidió enseñar inglés desde primer grado y en las mismas cuatro horas de clase, quitándoles tiempo a otras asignaturas. Por eso, es necesario agregar horas y que la jornada se extienda de ocho a cuatro de la tarde. Hay que convertir a los preceptores en coordinadores pedagógicos. Asimismo, hacer una reforma curricular para poder enseñar contenidos socialmente significativos. Por último, universalizar la sala de 4 y 5 años.
–¿Cuáles serían los otros beneficios que tiene la jornada completa?
–Ayudaría, por ejemplo, a que los docentes trabajen seis horas y tengan dos horas para poder planificar sus clases, como en los países desarrollados. Hoy, un docente trabaja cuatro horas en una escuela, y después tiene que hacer lo propio en otra institución. Está siempre frente a alumnos y no tiene tiempo para programar una clase, reunirse con otros docentes o capacitarse. En su casa, tiene que corregir cuadernos, preparar ejercicios, y termina extenuado después de un día laboral extenso.
–¿Qué rol cumple la capacitación docente en todo esto?
–Un rol clave. Vivimos en una sociedad del conocimiento, que varía constantemente. O sea que tenemos que educarnos y capacitarnos todo el tiempo. Los docentes no escapan a esto y tienen que aggiornarse a los nuevos contenidos y modos de enseñar. Ahora bien, no cualquier capacitación es buena. Muchos docentes tienen la voluntad de perfeccionarse, pero se anotan en cursos de dudosa calidad. Primero, no está regulada la actividad del capacitador, quien, hoy por hoy, puede no tener ningún saber superior al que tiene el propio maestro. El problema es del Estado, que no ofrece capacitaciones acordes con las necesidades de los docentes.
–¿Qué hacer, entonces?
–Regular la actividad. El capacitador debe contar con experiencia como docente en el aula y, a la vez, con un título de posgrado en la universidad. Estos requisitos permiten ser formador de formadores, garantizan idoneidad. Además, deberían ir a las escuelas a trabajar con los problemas reales de cada una. No es lógico que la capacitación siempre sea por fuera de la escuela. Así, es todo muy abstracto.
–¿Los docentes deben empaparse de las nuevas tecnologías de la información?
–Es central. Los jóvenes pasan entre dos y tres horas diarias frente a una computadora. Los docentes tenemos que aprender a usar ese medio para poder enseñarles a nuestros alumnos a ser usuarios inteligentes. Los chicos nunca se cuestionan la proveniencia ideológica de su videojuego favorito. No indagan en si las reglas de ese videojuego son correctas. El docente debe ser un usuario de las nuevas tecnologías y, mejor aún, un usuario crítico.
–A propósito, ¿hay que integrar las nuevas tecnologías al aula?
–Sí, totalmente. Pero no para usarlas como cada uno lo hace en su privacidad, sino para aprender a pensar esos dispositivos. ¿Qué características tiene una red social? ¿Cuáles son sus peligros? ¿Qué tipos de contactos se establecen en términos sociológicos? Ya se registran escuelas con plataformas específicas para la circulación de conocimientos entre docentes y alumnos, y trabajan muy bien.
–¿Cómo sacarles provecho en el aula?
–De varios modos. Las netbooks, por ejemplo, sirven para que los chicos aprendan a tomar nota. El segundo uso se da a partir de aplicaciones específicas: hay programas diseñados para ser usados didácticamente –por ejemplo, en Química o Matemática–. Tercero y fundamental: los contenidos. Hay bibliotecas universales en Internet. Así pueden leerse los grandes clásicos en la computadora.
–¿Qué aptitudes y competencias deberían tener los docentes de este siglo?
–Deben ser grandes consumidores de cultura, ser amantes de la lectura, del cine, del teatro, de la música y las artes plásticas. El docente tiene que transmitir amor por el conocimiento. Deben ser personas con predisposición a trabajar en equipo y tener en cuenta lo que enseñan sus colegas, para seguir un lineamiento. Deben manejar distintas estrategias en función de las necesidades de cada estudiante –hay quienes aprenden a través de la palabra, pero otros requieren actividades, lecturas, debates–. Tienen que estar alfabetizados tecnológicamente y científicamente. Y deben ser especialistas en vínculos interpersonales, para entablar buenas relaciones con alumnos y padres.
–¿En qué consiste el programa “Escuelas del Bicentenario”?
–Intenta mejorar el aprendizaje de todos los chicos. Trata de medir dos grandes dimensiones de la escuela: su eficiencia interna –cuáles son los niveles de repitencia de un grado específico– y el rendimiento académico. Puede que una escuela enseñe muy bien, pero egresen pocos estudiantes. Eso es una “escuela elitista”. Hay instituciones de donde egresa casi el cien por ciento, pero ¿cuántos salen con conocimientos sólidos? Eso es una “escuela guardería”: cuida a los chicos mientras los padres trabajan, pero la instrucción es deficiente. Y están las buenas escuelas, donde la tasa de repitencia es baja y la calidad del aprendizaje es elevada.
–¿Cómo llevan a cabo el programa?
–Capacitando y acompañando a los docentes. Entregamos materiales, manuales; capacitamos a los directivos en gestión institucional; y acompañamos a los maestros en las áreas básicas de Matemática y Ciencias Naturales. Nos dirigimos a las escuelas para constatar sus necesidades concretas. Es un proyecto del IIPE (Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación), de la Unesco. Formamos capacitadores de la localidad de la escuela, quienes, a su vez, trabajan con los maestros. Lo implementamos en Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Corrientes, Tucumán y Santa Cruz. En la actualidad, atiende a escuelas públicas e institutos superiores de formación docente, y abarca a una población de alrededor de 50.000 niños y más de 2000 docentes y directivos.

FUENTE: NUEVA. La revista del interior. Nº 3 26/06/2011
Por María Alvarado. Fotos: Macarena Otero y gentileza “Escuelas del Bicentenario”.
En : http://www.revistanueva.com.ar/suplemento/educacion/anteriores/ (consultado el 21/08/2011)

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